En mis brazos
Actualizado: 3 jul

Siempre hay muchas anécdotas alrededor de un parto, de todos los colores. Mi favorita, común en mis dos hijos y es cómo nos conocimos por fin.
Es una sensación extraña la primera vez, no sabes qué esperar y puede que, si al igual que yo, tampoco estás teniendo un parto llevadero, es difícil estar en tus cabales mientras pasa.
Lo pusieron encima de mi, lo tenía en mis brazos.
Recuerdo a la matrona decir "¡ya está aquí!“.
Recuerdo a mi marido emocionado soltar un sollozo que nunca olvidaré.
Recuerdo que me sujeté como pude a la camilla con una mano para poder sostenerlo con la otra y efectivamente ¡ahí estaba! Empapado, resbaladizo y calentito. Lo primero que sujeté fue el culito y sin esperarme más, me derrumbé a sus pies.
Fueron los segundos mas felices de toda mi vida. No era capaz de pensar, solo le sentía, le olía y notaba cómo se movia.
Con la inminente llegada de mi segundo hijo, sucedió de forma muy distinta. Ya sabía lo que me esperaba y quería intentar recordar al máximo cada instante. Además tampoco tenía tanto miedo a lo desconocido. Mi matrona estaba contenta, todo estaba yendo muy bien y también me veía bien a mi. Me dijo: "prepárate que ya sale!“ y de pronto estaba por fin en mis brazos. Traté de mirarlo e intenté aislar todos los sonidos en mi cabeza para solo escucharlo a él y tampoco hizo mucha falta porque al instante estaba haciéndonos saber que sabía llorar perfectamente.
Lo que no paraba de darme vueltas en la cabeza en el segundo embarazo era cómo podría quererlo tanto como a mi hijo mayor pero cuando te pusieron encima de mi, no tenía ninguna duda, el amor se multiplicó y ya nada volvió a ser igual!!









